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Investigaciones

¿Por qué nos gustan las caras bonitas?

 

25/01/2016 EFE

Ver rostros bellos influye en el sistema de recompensa del cerebro, el mismo que se activa cuando comemos algo sabroso o ganamos la lotería. De hecho, contemplar caras hermosas produce aún más deseo de seguir viéndolas, según los últimos estudios.

Ver rostros bellos influye en el sistema de recompensa del cerebro, el mismo que se activa cuando comemos algo sabroso o ganamos la lotería. De hecho, contemplar caras hermosas produce aún más deseo de seguir viéndolas, según los últimos estudios científicos.

Un rápido vistazo al rostro de la persona que está frente a nosotros nos proporciona una abundante información sobre el individuo propietario de esos rasgos faciales ¿Ya nos conocemos? ¿Es hombre o mujer? ¿Está feliz o enojado? ¿Es alguien atractivo o por el contrario desagradable?.

La investigadora Olga Chelnokova ha explorado cómo nuestro sistema visual es capaz de dirigir la atención a la información más importante de una cara, en un trabajo doctoral para el Departamento de Psicología de la Universidad de Oslo en Noruega.

Curiosos por naturaleza

Así, Chelnokova ha descubierto varios aspectos sobre el reconocimiento facial: que somos por naturaleza muy curiosos respecto de los rostros de los demás; que leemos historias en ellos; que nuestra atención se centra, sobre todo, en los ojos de la personas que observamos; y que contemplar una cara agraciada nos produce placer y nos cuesta dejar de mirarla.

“Investigaciones anteriores habían establecido vínculos entre el atractivo facial y factores importantes para la propagación y evolución de nuestra especie, como son la salud y el buen potencial reproductivo. Podemos especular ahora con que existe una razón evolutiva detrás de que nuestro cerebro disfrute mirando y queriendo mirar más a una cara atractiva”, indica Chelnokova a Efe.

Chelnokova, junto con el grupo de Investigación de laboratorio Farmacología Hedónica de la UiO, dirigido por la neurocientífica Siri Leknes, reveló que nuestro sistema de recompensa cerebral -una serie de estructuras situadas en las profundidades del cerebro- está involucrado en nuestra evaluación del atractivo facial de otras personas.

“El sistema de recompensa cerebral está involucrado en la generación de la experiencia del placer cuando, por ejemplo, disfrutamos de una comida deliciosa o ganamos un premio de la lotería”, explica esta investigadora.

“Ahora hemos descubierto que ese mecanismo neurológico también se encarga de crear las sensaciones placenteras que tienen lugar cuando vemos una cara bella”, añade.

En este estudio, los científicos permitieron a los participantes ver una serie de imágenes de caras calificadas previamente como muy atractivas, medianamente atractivas o menos atractivas. A continuación, los participantes tuvieron que calificar los rostros más atractivos de entre todos los que visionaron.

Los investigadores descubrieron que la observación de caras bonitas tiene como resultado cambios en el comportamiento del observador, como aumentar las ganas de seguir mirándolas.

Este fenómeno ha sido constatado por primera vez en este estudio noruego, según el servicio de noticias científicas ‘Sinc’.

En efecto, durante los experimentos, Chelnokova comprobó que al puntuar las caras más atractivas, los participantes se mostraron dispuestos a seguir pulsando el botón que indicaba el grado de atractivo de dichas caras, para poder seguir viéndolas durante más tiempo. Asimismo, miraban durante mucho rato a los ojos de las personas que aparecían en las fotos.

Otro estudio, que forma parte de la tesis de Chelnokova, consistió en hacer que un grupo de participantes mirasen imágenes tridimensionales de caras, mientras se efectuaba un seguimiento de sus movimientos oculares.

Los científicos vieron que nuestro sistema visual dirige la atención hacia las partes de la cara que nos proporcionan la información necesaria de forma rápida: los ojos.

“La importancia de los ojos en la evaluación de otras personas ha sido bien documentada”, según Olga Chelnokova.

nvestigaciones anteriores demostraron un alto nivel de coincidencia entre la gente al evaluar el atractivo facial, según la Universidad de Oslo.

Acuerdo objetivo, diferencias subjetivas

Consultada por Efe sobre si la totalidad o la mayoría de las personas tienden a juzgar el atractivo de un rostro de forma similar, Chelnokova señala que “las personas muestran un alto nivel de acuerdo en sus juicios sobre el de atractivo o la belleza facial, pero debemos ser cautos con nuestras suposiciones al respecto”.

Esta investigadora admite que “no se sabe mucho acerca de cómo determinadas experiencias individuales pueden afectar lo que una persona ve, ya que esa interrelación subjetiva entre sentimientos, experiencia y respuesta, es muy difícil de capturar, comparar y analizar”.

Por ejemplo, “si le mostramos una foto de una chica guapa a un hombre joven y a una señora mayor, ambos nos dirían que la joven de la foto es bonita, y si tienen que puntuar su belleza de 0 a 10, las puntuaciones que ambos escogerán con toda seguridad, serán similares”, asegura Chelnokova a Efe.

“Pero la belleza de esa cara femenina podría significar diferentes cosas para cada uno de los dos observadores, la forma en que ambos experimentarían el atractivo de la chica de la foto también podría ser diferente, y el modo en que el hombre joven y la señora mayor responderían a la imagen también variaría”, añade.

“Por ejemplo, aunque muchos estarían de acuerdo en que tanto Marilyn Monroe como Elizabeth Taylor son atractivas, algunos dirían que encuentran el rostro de Monroe más hermoso que el de Taylor, o viceversa”, señala Chelnokova.

Para esta experta, esto probablemente se debe a que hay muchos factores que contribuyen a nuestros juicios sobre el atractivo.

“Aunque algunos juicios o valoraciones pueden ser menos dependientes de nuestra propia subjetividad y, por ejemplo, los rostros que lucen más jóvenes y sanos son universalmente percibidos como más atractivos, otros juicios pueden ser más dependientes de nuestras propias experiencias personales y asociaciones mentales que son únicas”, destaca.

“Algunos estudios han demostrado que, hasta cierto punto, preferimos a las personas que se parecen a nosotros, y que esa autosemejanza hace que algunas caras nos parezcan más atractivas”, señala Chelnokova, quien también aclara que “este es solo uno de los múltiples factores que conducen nuestras preferencias sobre la belleza a un dominio más subjetivo”.

Lo más destacable, en opinión de esta investigadora, “no es aquello que hace que nuestras preferencias de belleza sean únicas, sino más bien aquello que las hace similares en un grado muy alto”.

 

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